No se poseen muchos datos sobre la marina de guerra en Castilla hasta la conquista de Sevilla y Cartagena a mediados del siglo XIII. Para conquistar estas plazas fue necesario organizar sendas flotas de guerra.
A partir de ese momento, la posición de Castilla ambos lados del estrecho de Gibraltar, sus ambiciones territoriales en el sur de la península en los dos siglos siguientes (la conquista del reino de Granada, con su amplo litoral hacía indispensable control del mar), los intentos de expansión hacia el norte de áfrica y, en fin, los conflictos con otras potencias europeas (Aragón en el Mediterráneo y sobre todo Inglaterra en el Atlántico) hicieron que los reyes y las instituciones castellanas se preocuparan por el desarrollo del potencial militar en el mar.
La creación de una marina real con cierta tendencia ser permanente impulsó también la creación de la figura del Almirante de Castilla, de cuya creación no tenemos constancia documental pero que aparece mencionado por primera vez en el fuero de Sevilla de 1253.
Los costes de las campañas navales solían sufragarse en las cortes, al igual que los de las campañas militares terrestres (con frecuencia unas y otras iban de la mano). Por otra parte, los puertos castellanos podían tener en sus fueros servicios especiales para sostener la marina real.
La corona de Aragón heredó la tradición marítima de los condados catalanes. Se suele atribuir a Jaime I el gran desarrollo de la marina aragonesa ya que gracias a esta expansión fue posible la conquista de Mallorca y de Valencia. En general las cortes sufragaban este tipo de gastos, al igual que sufragaban los de las campañas terrestres.
A partir de este momento, la marina aragonesa alcanzará un mayor desarrollo al extenderse los dominios de la corona de Aragón a Sicilia, Cerdeña e Italia. A este desarrollo naval lo acompaño el desarrollo de las flotas mercante y pesquera en este periodo.
Para poder disponer de los barcos necesarios la corona promovió la creación de astilleros y atarazanas y el desarrollo de los existentes. Al igual que en Castilla, se existió en el reino de Aragón la figura del Almirante, por lo menos a partir del siglo XIV.
La patente de corso era un permiso otorgado por la corona a un particular para aparejar y armar naves y utilizarlas en la guerra contra los enemigos del rey. El rey Pedro IV de Aragón promulgo la primera Ordenanza del corso que conocemos en la península. En esta ordenanza se regulaba con precisión la relación entre los armadores y el rey, los enemigos que podían combatir y lo que debían pagar al rey.
En el caso de Castilla, al menos desde 1397 tenemos constancia de actuaciones bajo patente de corso de personajes que estaban al servicio directo del monarca castellano (como Martín Ruiz de Medrano).
Bibliografía
Calixto Garrido, Daniel. «Las ordenanzas de corso y el marco de actuación corsario». Universidad Carlos III Madrid, 2016. https://e-archivo.uc3m.es/handle/10016/23803.
García de Castro, Francisco Javier. La marina de guerra de Castilla en la Edad Media (1248-1474). Historia 179. Valladolid: Ediciones Universidad de Valladolid, 2014.
Jornadas de Historia Marítima, e Instituto de Historia y Cultura Naval (Spain), eds. La marina de la Corona de Aragón: ciclo de conferencias, octubre 2015, 2016.