La Casa de Contratación de Sevilla fue un órgano creado en 1703 por los reyes católicos cuya finalidad era centralizar el comercio entre la península y las Indias, Canarias y el África atlántica. Todas las mercancías que salieran de estos territorios debían pasar por la Casa de Contratación, que también debería controlar todas las mercancías que se enviaran desde España.
Después del segundo viaje de Colón, la gestión de las actividades relacionadas con las Indicas habían estado a cargo de Juan Rodríguez de Fonseca, arcediano de la catedral de Sevilla, pero, para 1503 resultaba evidente que era necesaria una estructura organizativa más fuerte. Las ordenanzas originales describen lo que Serrera Contreras ha definido como un “híbrido de aduana y oficina comercial”. Entre las funciones de las tres personas nombradas para hacer cargo de la Casa (un tesorero, un contador y un factor) estaban las de almacenar, vender y contratar mercaderías y aparejos para el tráfico con las Indias, llevar asiento de las operaciones, equipar los navíos, elegir a sus capitanes y proporcionarles instrucciones náuticas.
Sevilla parecía una opción obvia por sus buenas comunicaciones con el centro de la península y porque, al ser navegable el río Guadalquivir desde la ciudad hasta su desembocadura, las naves podrían llegar hasta ellas. De hecho, ya desde muchos años antes, la ciudad era el centro más importante para el comercio atlántico.
Con el paso de los años fueron desarrollándose diferentes normativas que regulaban diferentes aspectos del funcionamiento de la Casa de Contratación en la medida que aumentaban sus funciones por la expansión los territorios americanos. Uno de los aspectos de los que se ocupó muy pronto fue del registro de pasajeros que viajaban a las Indias. También favoreció el desarrollo de las artes de navegación y la cartografía (ya en 1508 se había creado la figura del Piloto Mayor, encargado de examinar a los nuevos pilotos).
A lo largo del XVIII se producen diversos factores que conducen a una crisis en la Casa de Contratación. Por una parte, muchos de sus cargos se vendían, práctica a la que no era ajena la administración del país en general, se produje un aumento en el número de funcionarios empleados en la Casa, sin que sus funciones estuvieran completamente justificadas y, por último, la crisis del comercio legal con las Indias, cuyo volumen se redujo, en parte debido al contrabando y en parte debido a los conflictos en los que se vio envuelto el reino. La piratería también afectó la regularidad del comercio.
Otro hecho que se produjo durante el siglo XVII fue que el comercio con las indias cada vez con más frecuencia tenía Cádiz como base. Cádiz había tenido desde hacía tiempo un visitador o un juez de la Casa de Contratación y, desde 1680 se autorizó que el comercio con las Indias pudiera recalar en cualquiera de los dos puertos, aunque siempre bajo el control de la Casa de Contratación.
Las razones para este proceso son variadas y una de las razones que se mencionan es el que lo barcos mayor tonelaje no podían navegar por el Guadalquivir hasta Sevilla y debían quedarse en Cádiz. En 1717 se produjo lo que los historiadores han denominado un reconocimiento de los hechos y se trasladó la Casa de Contratación a Cádiz, donde permanecería hasta su supresión en 1790.
Bibliografía
Escudero López, José Antonio. Curso de historia del derecho: fuentes e instituciones político-administrativas, 1985. https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=190958.
Serrera Contreras, Ramón María. «La Casa de la Contratación en el Alcázar de Sevilla (1503-1717)». Boletín de la Real academia Sevillana de Buenas Letras: Minervae Baeticae, n.o 36 (2008): 133-68.